Eficiencia energética e instituciones: la referencia mexicana

En México, los equipos que utilizan energía son miles de millones si consideramos lámparas, electrodomésticos, hornos, autos, equipos de refrigeración, calderas y motores, entre otros. Igualmente, quienes cotidianamente encienden, apagan y modulan esos miles de millones de equipos son personas que se cuentan en decenas de millones.

Quizá en un número menor, pero también se cuentan en decenas de millones, quienes invierten su dinero periódicamente en la compra de aparatos para el hogar, autos, casas o maquinaria; son decisiones que tienen implicaciones en las facturas de electricidad, gas, gasolina y diésel por muchos años.

En lo individual, hay quienes pueden estar conscientes e, inclusive, con información y capacidad para tener los mejores hábitos y prácticas, y para comprar equipos que les darán servicios energéticos a bajo costo de operación. Sin embargo, las decisiones individuales pocas veces tienen como prioridad un uso eficiente de la energía, más bien, la prioridad es tener luz, refrigeración, movilidad, confort, entretenimiento o capacidad para transformar el mundo material.

Pero los malos hábitos y compras individuales, sin considerar las implicaciones energéticas, llegan a tener efectos negativos muy evidentes en la economía de los individuos, familias y empresas, además de que, inevitablemente, provocan un impacto colectivo al afectar bienes sociales compartidos por todos.

Un bien social muy importante son los energéticos finitos, como el petróleo y el gas, con valor estratégico para la nación y que aseguran su soberanía energética, pero que se desperdician por malos hábitos y prácticas, y por no aprovechar opciones en el mercado por su costo mayor o por falta de información de los usuarios. Otro es la infraestructura de suministro donde, al coincidir millones de demandas individuales, como ocurre con el aire acondicionado en el verano, se refleja en mayores necesidades de plantas de generación, de líneas de transmisión y de sistemas de distribución, muchas veces por sólo unas horas al año, pero que, por asegurar el servicio y su calidad, se tienen que hacer costosas inversiones.

Asimismo, está el medio ambiente, ya sea local o global, que afecta la salud de las personas y de la naturaleza en general, donde la eficiencia energética es una forma de reducir el impacto que, inevitablemente, implica el quemar combustibles para que tengamos luz, movilidad, frío, calor y todas las comodidades de la vida moderna.

Por lo mismo, para cuidar los bienes públicos se requiere que millones de personas tengan los mejores hábitos, que las prácticas en cientos de miles de empresas sean las mejores y que, cuando se hagan las inversiones en decenas de millones de equipos y sistemas, sean en los más eficientes.

Es aquí, precisamente, donde la intervención de los estados nacionales se vuelve necesaria, buscando que los individuos tengan hábitos que eviten el desperdicio y que en los hogares, gobierno, empresas y servicios públicos, se conozcan y adopten las mejores prácticas; que se tengan regulaciones que sólo permitan que lo que entre al mercado sea lo más eficiente energéticamente posible y que se invierta en la tecnología que nos da la mayor cantidad de servicio energético por unidad de energía.

Un camino para logralo ha sido la expedición de leyes y regulaciones de gran alcance, que definen líneas de acción muy generales. Sin embargo, aunque siempre necesarias, la experiencia en muchos países, particularmente en América Latina, muestra que son insuficientes si no se tienen los recursos y la capacidad institucional para hacerlas cumplir.

Inclusive cuando este tipo de funciones se integran a ministerios a cargo de las políticas y la supervisión de los mercados, la letra de las leyes se ha quedado sólo en buenas intenciones.

Como lo demuestran los hechos, por su magnitud y complejidad, las mejores y más exitosas políticas nacionales son las que incluyen instituciones que se crean para cumplir labores de gestión, búsqueda de consensos, desarrollo de herramientas de uso general, articulación de la gran variedad de actores que ofrecen productos y servicios asociados, que conozcan las necesidades de los actores y sus limitaciones.1

Inclusive, dado el gran alcance, la variedad de actores y los beneficios múltiples que tiene la eficiencia energética, las acciones para lograrlo a cabalidad involucran instancias de gobierno de lo local a lo federal y a quienes se encargan de políticas relacionadas con la energía, el medio ambiente, el desarrollo municipal, la construcción de vivienda, el desarrollo industrial, el comercio, entre otros.

En muchos sentidos, lo que se ha logrado en México supera, por mucho, lo que se ha hecho en otros países de la región, y la diferencia ha sido, sin duda, la existencia de un organismo con autonomía técnica, con capacidad y vocación de trabajo con múltiples actores, sujeto, por supuesto, a las políticas generales definidas por los ministerios de energía.

Precisamente, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), los países con mayores éxitos en sus iniciativas nacionales de eficiencia energética son aquellos que tienen agencias dedicadas al tema, particularmente México y Chile.2

En México, por mucho, la acción más efectiva ha sido la asociada a la mejora de la eficiencia energética de productos y sistemas, donde hoy día están en vigor 34 Normas Oficiales Mexicanas (NOM), que obligan a que el universo de productos y sistemas que los regulan tengan cada vez mayor eficiencia energética.3

Para dar una dimensión del alcance de estas acciones, que lleva a cabo la Conuee, hoy en día los equipos que representan más del 80% de la energía (gas y electricidad) que consume un hogar y los equipos que representan más del 55% de todo el consumo final están obligados a cumplir con una NOM de eficiencia energética, lo que implica que cientos de millones de equipos que se venden en México (desde lámparas hasta autos) tengan altos niveles de eficiencia energética. Esto es reconocido por la Agencia Internacional de Energía, que ubica a México como el país que tiene el mayor ahorro relativo por regulaciones técnicas (6.5% del total de consumo de electricidad) en América Latina, y con un valor superior al de China e India.4

1 BID. Gobernanza de la eficiencia energética: Manual regional América Latina y el Caribe. https:// publications.iadb.org/es/publicacion/17531/gobernanza-de-la-eficiencia-energetica-manualregional-america-latina-y-el-caribe

2 CEPAL. Programa Base de Indicadores de Eficiencia Energética (BIEE) del Observatorio Regional sobre Energías Sostenibles (ROSE). https://www.cepal.org/es/proyectos/programa-biee-base-deindicadores-de-eficiencia-energetica

3 Conuee. Normas Oficiales Mexicanas en Eficiencia Energética. https://www.gob.mx/conuee/ acciones-y-programas/normas-oficiales-mexicanas-en-eficiencia-energetica-vigentes

4 IEA. Appliances and Equipment: Tracking progress 2021. https://www.iea.org/reports/appliancesand-equipment

Esta labor, por cierto, no se limita al trabajo de integrar y lograr consensos entre actores involucrados para producir una NOM, sino que también incluye promover la creación y llevar a cabo la supervisión del sistema que evalúa la conformidad de 34 NOM que, tan sólo en laboratorios de prueba y organismos de certificación, son más de 110. Además, de acuerdo con lo establecido en la Ley de Infraestructura de la Calidad, existen ahora claras obligaciones de vigilancia de mercado que es necesario cumplir.

Por otro lado, la labor de la Conuee en otros sectores ha logrado permear mejores prácticas con impactos positivos.

De acuerdo con un análisis llevado a cabo por la CEPAL, las acciones de mejora de eficiencia energética en México, entre 1995 y 2015, se reflejaron en una reducción de la intensidad energética de 46% en el sector residencial, 16% en el sector industrial, 11% en el comercial y servicios y 6% en el transporte. 6 Estos resultados son producto de la labor de muchos años, de cambios estructurales y de una larga historia de colaboración entre el gobierno y el sector privado.

Sin duda, las instituciones gubernamentales por sí solas nunca serán suficientes. Siempre es necesario que existan otras organizaciones, particularmente en el ámbito de las empresas, que estén interesadas y quieran participar activamente en la búsqueda colectiva de mejores prácticas y tecnologías.

En México, una de las instituciones que ha acompañado al Gobierno Federal en múltiples iniciativas, pero muy particularmente en las orientadas a la eficiencia energética, ha sido la Cámara Nacional de Manufacturas Eléctricas, por un lado, trabajando activa y positivamente en el desarrollo e implementación de la NOM de eficiencia energética desde 1993, cuando se establece el Comité Consultivo para la Preservación y Uso Racional de los Recursos Energéticos (CCNNPURRE), por otro lado, apoyando las iniciativas para trabajar con autoridades municipales en la mejora del alumbrado público. Igualmente, siendo referente para otros organismos privados para colaborar y apoyar esfuerzos de gobiernos en los niveles municipal, estatal y federal.

  • En la Administración Pública Federal, donde gestiona un programa que involucra a más de 6 mil funcionarios públicos, que operan más de 8 mil edificios y cerca de 2 mil flotillas vehiculares, y donde la intensidad energética se ha reducido en más de 20% en los últimos 10 años.
  • En Petróleos Mexicanos, donde ha apoyado los trabajos internos para establecer Sistemas de Gestión de la Energía (SGEn) en todas las instalaciones mayores y donde en 2021 se lograron ahorros de más de un millón de barriles de petróleo equivalentes.
  • En los servicios municipales, donde su gestión y asistencia técnica ha llegado a más de la mitad de los más de 2,500 municipios y ha apoyado la instalación de alumbrado eficiente, con beneficio para más de 8 millones de habitantes. Inclusive, en los últimos 6 años, sin bajar los niveles de servicio de alumbrado, el consumo nacional para este servicio se ha reducido en 25%.
  • En la industria privada, donde da seguimiento a los consumos de energía y promueve mejores prácticas entre más de 500 Usuarios con Patrón de Alto Consumo (UPAC), donde el 57% (285) tiene interés en iniciar un Sistema de Gestión de Energía,5 más del 10% ha iniciado su implementación y los que se han certificado casi se duplicaron en tres años.

Finalmente, lo anterior se ha reflejado en las buenas calificaciones de México en el ámbito internacional, en cuanto a acciones nacionales de eficiencia energética y según el reporte que hace periódicamente el American Council for an Energy Efficient Economy (ACEEE). Según este Consejo, México se ubica en el puesto número 12 en el mundo, por arriba de toda América Latina y de varios países europeos.7

México puede seguir avanzando, con buenos resultados, en la mejora de su eficiencia energética y ampliar los beneficios para su población y economía, a la vez que apoya los esfuerzos mundiales con su ejemplo. Los tiempos imponen acelerar el paso.

5 “Los Sistemas de Gestión de la Energía (SGEn) mejoran el rendimiento energético de las instalaciones donde se aplican, con la mayoría de los ahorros como resultado de medidas operativas de bajo costo.” https://www.gob.mx/conuee/articulos/los-sistemas-de-gestion-de-laenergia-sgen-practica-muy-rentable-y-certificable-conuee?idiom=es

6 CEPAL. Informe nacional de monitoreo de la eficiencia energética de México, 2018. https:// www.cepal.org/es/publicaciones/43612-informe-nacional-monitoreo-la-eficiencia-energeticamexico-2018

7 ACEEE. The 2018 International Energy Efficiency Scorecard. https://www.aceee.org/researchreport/i1801

Director General de la CONUEE

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