Comercio exterior, factor detonador de políticas de competitividad

Los beneficios económicos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) para México son mayores que sus desventajas. El Tratado ha resultado en una mayor integración económica regional y de alta relevancia en el comercio internacional, lo que ha representado para el país una derrama económica significativa en términos de flujos comerciales.

En el último año, la renegociación del TLCAN ha presentado momentos álgidos, poniendo en entredicho la relación comercial con nuestro principal socio comercial y vecino del norte. Esta coyuntura geopolítica es sin duda un reto y una oportunidad no sólo para analizar a profundidad nuestra relación bilateral y, más allá, nuestra política comercial, sino también para trabajar desde el interior de nuestro sector productivo con el objetivo de potenciar nuestras industrias estratégicas a fin de aumentar su productividad y ser más competitivos, no sólo en la región sino también de manera global.

Nuestra relación con Estados Unidos es histórica y de una integración que trasciende administraciones; sin embargo, ante el marco de modernización del TLCAN, es oportuno analizar cautelosamente el escenario geopolítico y económico bajo el que se desenvuelven las negociaciones y con ello tomar las mejores decisiones, más que como sector, con una visión de Estado. Es un hecho que hoy el TLCAN como lo conocíamos ya no existe.

Si bien la relación bilateral con Estados Unidos debe ser parte de, y estar basada en una política de comercio exterior de largo plazo, en la actualidad, es fundamental atender con precisión quirúrgica el modelo de negociación de la presente administración de aquel país, con el objetivo de ser más proactivos que reactivos y con ello estar siempre un paso por delante de sus propuestas en la negociación.

A manera de ejemplo en materia comercial, algunas de las promesas de campaña del candidato Trump son realidades del ahora presidente. En aras de proteger la industria nacional de Estados Unidos, el pasado mes de enero el gobierno de este país impuso aranceles a las lavadoras y a los paneles solares, donde México se encuentra evaluando la posible afectación de dicho arancel, con el objetivo de aplicar represalias comerciales apegándose al marco actual del TLCAN. Más recientemente, la imposición unilateral y discrecional de un arancel a las exportaciones hacia este país del 25% al acero y 10% al aluminio que, si bien Canadá y México fueron exentos del pago de dicho arancel, nos condiciona a llegar a un “buen acuerdo” en el TLCAN.

Respecto al acero, una acotación al margen. No olvidemos que, en 2002, el presidente Bush impuso un arancel al acero, que trajo como consecuencia desempleo en el sector industrial, además de provocar un precio más alto impactando en sectores de consumo intermedio (pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla). Aunque México esté exento, existe un riesgo implícito y, por ello, es oportuno tomar medidas que anticipen las repercusiones en las industrias que dependen de este insumo, industrias estratégicas como automotriz, aeroespacial, electrónica, construcción y siderúrgica, tan sólo por mencionar algunas.

Con estas decisiones, la presente administración en Estados Unidos envía señales que estimulan el inicio de una guerra comercial. Si hay algo claro es que en comercio la claridad se desvanece, aunque sí prevalece la incertidumbre con un toque de tendencia hacia un neoproteccionismo económico. Lo anterior se confirma con la polémica argumentación, en el caso del acero y aluminio, de anteponer la seguridad nacional, lo que deja precedentes en materia de comercio internacional para Estados Unidos que son de riesgo.

Aunado a lo anterior, estas decisiones impactan en los flujos comerciales de la región con el resto del mundo. Del mismo modo, puede ser punta de iceberg, en donde México sea rehén de una guerra comercial, en la que Estados Unidos imponga aranceles espejo con varios países que mermen la competitividad no sólo de su país, sino incluso de la región, extendiéndose en un mediano plazo observando presiones inflacionarias y una potencial disminución del consumo del mercado estadounidense. México debe estar preparado y tener una estrategia ante cualquier escenario.

México es uno de los países con más acuerdos comerciales, entre ellos, la reciente firma del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), con otras diez naciones. Con visión de Estado se debe fomentar y facilitar la generación de oferta exportable a otros destinos, ya que con los acuerdos “tenemos muchos caminos, pero con muy poco tránsito”. Existe una dependencia económica y comercial con Estados Unidos, razón suficiente y necesaria para diversificar nuestro comercio con otros países. En 2017 por ejemplo, se concentró el 90% de las exportaciones en sólo ocho países, donde el 80% se envían a nuestro socio del norte. Es crucial que se plantee una estrategia resiliente en la que diversifique su política comercial ante tendencias neoproteccionistas. Así mismo, se requiere la consolidación de marcos legales robustos, cuya aplicación de forma oportuna y expedita garantice el cumplimiento cabal de los acuerdos en los que participamos.

Derivado de lo anterior y basado en que toda política de comercio exterior debe estar acompañada de una industria productiva y competitiva, la renegociación del TLCAN es una oportunidad para potenciar con políticas industriales de Estado a nuestros sectores estratégicos e implementar la “Ley para Impulsar el Incremento Sostenido de la Productividad y la Competitividad de la Economía Nacional”. De hecho, la industria de las manufacturas eléctricas tiene las piezas en su lugar, con la reciente apertura energética y el inicio de un Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), que le dan el momento idóneo para construir una estrategia de posicionamiento ante las tendencias emergentes de mercado y el nuevo contexto nacional, lo que generará un sector más competitivo.

La posición geográfica de México y el momento económico, político y social actual que atraviesa deben ser las claves para salir no sólo avante de la renegociación del TLCAN, sino también para impulsar las políticas que promuevan la competitividad y la productividad de la economía mexicana. Es necesario impulsar una agenda que vincule el dinamismo del mercado interno, las ventajas de los tratados ya suscritos, la generación y desarrollo de competencias laborales acorde a los nuevos retos de la Industria 4.0, la profesionalización del análisis de las oportunidades y riesgos que se le presentan al sector productivo nacional, y el monitoreo constante de nuevos retos a futuro. Momentos como éste se viven pocas veces en la historia de los países, ¿lo aprovecharemos o lo dejaremos ir?

Mauricio Millán C.
Vicepresidente de Consultores
Internacionales, S.C.®

 

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