Innovación y capital humano

Nuestro país es uno de los más confiables para invertir en América Latina y, vale decir, los fundamentales macroeconómicos dan cuenta de que México es una economía responsable que cumple sus compromisos de deuda. Si bien es cierto que existen pendientes en temas de seguridad, corrupción, impunidad y mayor inversión en infraestructura, nuestra economía no está sobre ruinas; por el contrario, se fundamenta a partir de bases e instituciones sólidas que son resultado del esfuerzo de todos los mexicanos y que debemos cuidar.

A diferencia de la situación prevaleciente en el año 1982, México cuenta con estabilidad financiera y crecimiento económico como pilares para que la próxima administración establezca una política industrial con visión holística e integral que fomente la competitividad y desarrollo de nuestras empresas. En este sentido, el sector eléctrico debe continuar impulsándose hacia la Industria 4.0 (I4.0), resultando en mejores condiciones de productividad y cualificación de los empleos.

La I4.0, caracterizada por la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, tiene el objetivo de evolucionar de la fábrica física a la fábrica digital e inteligente. La irrupción de la I4.0 implica una reestructuración no sólo en los procesos de producción, sino también en la cadena de valor de extremo a extremo. Entre las más destacadas incidencias tecnológicas de la I4.0 están el Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés), el Big Data (administración masiva de información), la Inteligencia Artificial, la Robotización y la Ciberseguridad.

En la industria eléctrica, en específico, las principales incidencias tecnológicas de la I4.0 se concentran en el área de la manufactura, resaltando el IoT para la armonización de los procesos automatizados de la cadena productiva; el Big Data para la recopilación de las variables de importancia que muestren los sensores de los procedimientos automáticos; y las medidas de Ciberseguridad para la protección de dicha información.

La adopción de la I4.0 en el sector es crucial por ser una industria estratégica para el país. En el año 2017, el sector representó el 0.5% del PIB y el 3.1% del PIB manufacturero; durante los años 2016 y 2017 atrajo inversiones por 1,305 millones de dólares (equivalente al 4.3% del total de inversión captada por las industrias manufactureras). En términos generales, el sector eléctrico presenta números sobresalientes; sin embargo, en los últimos años su crecimiento se ha desacelerado y su estructura laboral presenta una dinámica altamente concentrada en ocupaciones como la operación de máquinas y el ensamblaje de piezas.

En lo que respecta al crecimiento, durante los años 2015 y 2016, el sector experimentó tasas de 5.8% y 4.4% respectivamente. Sin embargo, en el año 2017, su crecimiento cerrará cercano al 1.1 por ciento. Por otro lado, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de INEGI, el número de personas ocupadas en la industria pasó de 228.8 mil empleados en el año 2013 a 283 mil en el año 2017, lo que significó una tasa de crecimiento media anual de 5.5% en los últimos cinco años.

Si bien existe un aumento en el empleo, la mayor parte de éste se caracteriza por ser de baja cualificación de acuerdo con las habilidades requeridas para adoptar la I4.0. En el año 2017, los tres principales tipos de ocupaciones fueron: ensambladores y montadores de herramientas, maquinaria, productos metálicos y electrónicos; supervisores en procesos de ensamblado y montaje de herramientas, maquinaria, productos metálicos y electrónicos, así como trabajadores de apoyo en la industria. En su conjunto, estos grupos de empleo representaron el 59.8% del total de personas empleadas.

Asimismo, de acuerdo con el Sistema Nacional de Clasificación de Ocupaciones del INEGI, estos empleos se encuentran en las divisiones 8 y 9; es decir, poseen los niveles de competencia más bajos por especializarse en realizar tareas físicas sencillas y rutinarias.

La digitalización e interconectividad de extremo a extremo en la cadena de valor dará como resultado grandes volúmenes de información. Estos volúmenes deberán analizarse no sólo para eficientar la producción, sino también para reducir costos de reparación en la fabricación a través del mantenimiento predictivo, así como responder de forma más inmediata a la demanda cada vez más personalizada de los bienes y servicios ofrecidos. Estas actividades no son propias del siglo pasado, sino de la actualidad y de lo que se prevé para un futuro próximo.

Sin duda, los avances en las áreas de la Robótica, la Inteligencia Artificial y el Aprendizaje Automático (Machine Learning) están abriendo el camino hacia una nueva era de automatización en una gran gama de actividades laborales, incluyendo las que requieren competencias cognitivas. En línea con ello, se prevé que en los próximos cinco años las habilidades relacionadas con la fabricación, tales como la destreza manual, la resistencia y precisión, la instalación y el mantenimiento de tecnología y el uso de tecnología, su monitoreo y control, serán menos demandadas con respecto al pensamiento analítico e innovación, el aprendizaje activo y estrategias de aprendizaje, la creatividad, originalidad e iniciativa, el diseño y programación de tecnología, el liderazgo e influencia social y la inteligencia emocional.

La caracterización de la dinámica sectorial actual del empleo traducida en la elevada concentración de ocupaciones de operación y ensamblaje, así como las proyecciones del crecimiento ocupacional para el año 2030, indican que el entorno laboral experimentará dos escenarios: por un lado, la adaptación de un nuevo ecosistema laboral por parte del personal ocupado susceptible de automatizar y, por otro lado, la integración de nuevos perfiles de empleo mayormente cualificados ad hoc a las incidencias tecnológicas de la I4.0.

En este sentido, la profesionalización del trabajo requerirá de acciones que permitan afrontar con mayor resiliencia los cambios de la dinámica laboral. Si bien no se prevé una reducción consistente en el número de personas ocupadas en dichos empleos, sí demandarán de medidas como la capacitación y la certificación para mantener su vigencia o incluso su transición en el entorno laboral.

De acuerdo con estimaciones del World Economic Forum, la mitad de las actividades laborales que hoy se realizan, pueden quedar automatizadas para el 2055 debido a la I4.0, aunque esto puede ocurrir 20 años antes dependiendo de factores técnicos, económicos y sociales. Sin duda, la automatización ofrece grandes ventajas, pero si no se cuenta con una política industrial que la aproveche, será perjudicial.

En este sentido, es momento idóneo para analizar cómo queremos transitar hacia la automatización: como la catapulta hacia industrias inteligentes, en específico en sectores clave como el eléctrico o, bien, como una amenaza para la mano de obra no especializada y maquiladora.

Es prioritario realizar un análisis riguroso de las reformas estructurales bajo un balance entre continuidad y cambio, todo esto antes de decidir si deben eliminarse o no. En las últimas décadas nuestro país ha logrado avances importantes. México deberá aprovechar los nuevos vientos que trae consigo la I4.0, estableciendo claramente nuestras prioridades y oportunidades, lo que sólo será posible a partir de una política industrial orientada a los cambios emergentes.

Mauricio Millán C.
Vicepresidente de Consultores
Internacionales, S.C. ®

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