Cambio de Administración, planeación con visión de Estado

La jornada electoral del primero de julio pasará a la historia de México porque definirá el rumbo que como país seguiremos los próximos años. Entre las cifras más representativas están la elección de más de 3,400 cargos locales y federales y la instalación de más de 150 mil casillas electorales. Estas elecciones servirán de ejemplo para la maduración de una democracia moderna, representativa e incluyente por estar hechas por y para la ciudadanía con una destacada participación de más de un millón 400 mil ciudadanos con la entrega de boletas y el conteo de los votos de nuestros vecinos.

En las últimas semanas, hemos analizado las propuestas de los entonces candidatos a la Presidencia de la República, y el debate entre dos visiones sobre cuál es el rumbo a seguir para México. Ahora es momento de respetar los resultados, ver hacia adelante y, como nación, atender los retos que enfrentamos.

Al ver hacia adelante en el corto plazo, Consultores Internacionales, S.C., prevé un cambio de Administración con estabilidad macroeconómica donde el año 2018 cierre con un crecimiento económico modesto del 2.2%, una inflación del 3.8% con tendencia a converger al objetivo del Banco de México y una tasa de desempleo abierto del orden del 3.07 por ciento. No obstante, prevalecerá un ambiente de incertidumbre derivado del contexto internacional (agenda bilateral con Estados Unidos, renegociación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte, fortalecimiento del dólar y el impacto –directo e indirecto– de las cotizaciones internacionales del barril de petróleo en los precios de energéticos), y del proceso poselectoral que se traducirá en alta volatilidad del tipo de cambio con tendencia a la baja ubicándolo en un nivel de 19.35 pesos por dólar y, de la mano con lo previsto por el Instituto de Finanzas Internacionales, en un descenso en la atracción de inversión extranjera de cartera debido a la incertidumbre entre inversionistas, nacionales e internacionales.

En este sentido, es aquí donde se presenta el primer reto para el equipo de transición y el gobierno en turno. El proceso poselectoral debe llevarse a cabo sin contratiempos y resaltar las fortalezas del país, por mencionar algunas:

1.) La implementación de medidas prudenciales en el sector financiero.

2.) La buena conducción de la política monetaria que ha perseguido la convergencia hacia el objetivo de inflación, el anclaje de las expectativas a fin de año así como la anticipación a la normalización de tasas en Estados Unidos.

3.) La menor exposición de deuda pública y privada al dólar y el mejor estado de finanzas públicas con menor dependencia de ingresos petroleros y un superávit fiscal primario.

En adición a lo anterior, el equipo de transición necesitará emitir una señal a los inversionistas y al público en general que fortalezca su confianza y contribuya a la unidad nacional. Esta señal debe darse en dos sentidos: por un lado que atienda la coyuntura y por el otro, que responda de forma estructural; es decir, una planeación responsable de corto plazo inmersa en una visión estratégica del México a futuro.

La atención a la coyuntura se dará en la medida en que esta nueva Administración, en conjunto con el nuevo Congreso, en un ejercicio sano y responsable de contrapesos políticos y de oposición democrática, definirá el presupuesto de egresos para el ejercicio fiscal 2019. En él, deberán analizarse los ingresos, pero sobre todo el eficiente y eficaz ejercicio del gasto público.

Por otro lado y, para emitir una señal de estructura, será fundamental definir la visión de un México de futuro que parte de un diagnóstico ya definido y en la que se establezca cómo atender con oportunidad los retos que enfrentamos. La planeación con visión de Estado, más allá de ser un ejercicio administrativo establecido por ley al Ejecutivo, deberá ser una base rectora para el desarrollo económico que atienda las prioridades nacionales y ponga en primer lugar el desarrollo de la persona y su derecho al acceso a un trabajo decente, a través de la formación de capital humano de alta productividad y con estándares de competencia internacional. En otras palabras, más que crear un Plan Nacional de Desarrollo para los siguientes seis años, es visualizar un Plan de Desarrollo Nacional para la siguiente generación.

El proyecto deberá estructurarse en ejes rectores que contemplen los temas más acuciantes, por mencionar algunos:

1.) Preservar la estabilidad macroeconómica y el ejercicio oportuno de finanzas públicas saludables.

2.) Apostar por la inversión en infraestructura y modernizar la industria nacional poniendo a la innovación incluyente como motor del desarrollo.

3.) Identificar y potenciar las vocaciones regionales-sectoriales a partir de la integración de cadenas de valor así como la profesionalización del capital humano.

4.) La transición hacia una economía sustentable que ponga énfasis en la eficiencia energética mediante la producción y consumo de energías renovables.

 

Es por ello que el diseño y ejecución de un plan de largo plazo deberá hacer escalar a México de la 15ª economía a nivel mundial a los primeros siete lugares al 2030, acelerar el crecimiento a una tasa media anual de 5% y generar un mayor y mejor equilibrio en el bienestar de la población, reduciendo las brechas regionales entre el norte y el sur de la República Mexicana.

Asimismo, inmerso en un contexto internacional y con una elevada participación del comercio exterior (38.15% del Producto Interno Bruto en 2016, la tercera más alta en países del G-20), la política exterior del gobierno entrante deberá renovar el Tratado de Libre Comercio con América del Norte y la relación geopolítica con Estados Unidos con el objetivo de que propicie un entorno favorable para los inversionistas, basado en potenciar nuestras ventajas para que nos proyecte como nación moderna y competitiva, y en la que promueva una estrategia proactiva en materia de comercio exterior e inversión extranjera.

Bajo esta lógica, el tema educativo es toral para todo gobierno presente y futuro, el cual dé calidad a la educación y estabilidad a los maestros con el objetivo de impulsar la economía digital. En concordancia con ello, el presupuesto destinado a ciencia y tecnología (que actualmente asciende al 0.55% del PIB), deberá ser el suficiente para proyectar al país hacia la Cuarta Revolución Industrial o Industria 4.0 y con ello, impulsar a que nuestra economía compita y se complemente con otras naciones donde dicho proceso ya está puesto en marcha.

Un proyecto que posicione a México como potencia mundial en la producción y consumo de energías renovables gracias a su inmejorable posición geográfica y cantidad de recursos naturales, pero acompañado también de la definición de políticas públicas que lo propicien a partir de la creación de reglas para nuevos mercados y su oportuna regulación. El objetivo debe ser claro, alcanzar la eficiencia energética y reducir la dependencia de los combustibles fósiles con vista no sólo a la salud de las finanzas públicas, sino al desarrollo sustentable de la economía en su conjunto.

En conclusión y, como reflexión de bienvenida a este cambio de gobierno, en atención a la coyuntura que nos acontece, así como a la oportuna solución de los retos que como país enfrentamos, sirvan estas primeras líneas como precedente para invitar a que líderes estadistas con visión de próxima generación, en conjunto con iniciativa privada y sociedad en general, construyamos un proyecto de nación ordenado basado en el desarrollo económico equilibrado, sostenible y sustentable.

Mauricio Millán C.
Vicepresidente de Consultores Internacionales, S.C.

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